martes, 31 de julio de 2012

Querida piedra.

Me prometí a mi misma que jamás volvería a creerme tus dulces palabras, que no te iba a dar el placer de verme sufrir, que no tropezaría dos veces con la misma piedra. Al final, resbalé con tus tus manos, tropecé con tus labios y caí en picado gracias a tu sonrisa. Conseguiste ilusionarme otra vez; me recordaste lo que era tenerte cerca, tu olor, tu pelo, tu calor. Me robaste tantos besos durante 19 días, que tarde en olvidarlos nada menos que 500 noches. Pero, cuando tu aprendías a ser un tirano para tomar mi corazón, hacerlo dependiente de ti y destruirlo desde dentro, yo soñaba con ser el flan de tu nevera; temblando cuando me tocas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario